Violencia de género, una herida que no cura

Cada vez que escuchamos por la radio una nueva noticia sobre un asesinato machista, la pregunta que se nos viene a la cabeza es “¿cuándo pondremos fin definitivamente a la violencia machista en nuestro país?”. Me indignan las cifras que fríamente se publican cada año porque esconden terribles dramas familiares, pero también tremendos fracasos colectivos y ahondan en una herida abierta para la que la sociedad española no parece tener cura.

Esa herida abierta que nos desgarraba en este miércoles negro para las mujeres españolas, pero también para muchos hombres igualmente espantados con el testimonio de las victimas y de sus hijos e hijas. En Cantabria nos levantamos escuchando en la radio el testimonio valiente y desgarrador de una mujer víctima que quedó parapléjica por intentar huir de su maltratador. Escuchar el dolor de esa madre al relatar cómo su hijo de tres años protegió su vida nos encogió el corazón, como lo hizo también conocer el asesinato de una mujer de 40 años y sus dos hijos de ocho y cinco en la localidad manchega de Campo de Criptana por su marido y su padre.

Dos maridos y padres de quienes se espera amor, respeto, apoyo, que muy al contrario, negaron a sus parejas y a sus propios hijos el derecho a la vida, a una convivencia saludable y sin violencia y a recibir de su padre apoyo afectivo y emocional para crecer sano.

Dos maridos y padres cobardes que se niegan a afrontar ante la sociedad sus deleznables crímenes; a confesar que levantaban la mano a sus mujeres e hijos y a reconocer que son maltratadores desde el primer golpe, insulto, presión y vejación.

¡Qué difícil recomponer la vida de la victima o de un niño que ha crecido en un entorno violento! ¡Qué terrible para una victima gestionar el sentimiento de culpabilidad que siente como madre por haber permitido que sus hijos vivan en un entorno de violencia! Todo ello es otra herida profunda difícil de cerrar para ellas, para los niños, pero también para toda la sociedad culpable de no conseguir evitarlo. De evitar que estos niños sufran estrés post traumático con serias consecuencias para su salud física y emocional.

Unas vivencias para madre e hijos que requieren de ayuda profesional para sobreponerse a todo lo vivido para que entiendan lo que les ha pasado, de enseñarles otros modelos de relación afectiva distintos a los que han visto en casa, de reforzar en ellos el rechazo a la violencia machista, de trabajar la recuperación de su autoestima, pero también de recuperar un lazo afectivo dañado entre madres e hijos cuando se han sentido desprotegidos. Terribles heridas que jamás debemos juzgar porque desde el desconocimiento de la complejidad de esta terrible violencia, les haremos más daño.

Son historias terribles, cercanas a nosotros que requieren que nos involucremos, que no miremos para otro lado, que cojamos un teléfono para pedir ayuda, que estemos junto a la víctima sin juzgar ni criticar, comprendiendo la complejidad de la destrucción que el maltrato les causa a todos ellos, de apoyarles para encontrar su vía de escape y de hacerles llegar la ayuda de las ONGs y las administraciones publicas.

Por eso hoy, os vuelvo a pedir que seáis valientes, que les deis la fuerza suficiente para huir, para denunciar, para escapar de este infierno sin reproches, ni críticas, ni comentarios que solo contribuyen a que vuelvan a replegarse.

016 teléfono gratuito y confidencial contra el maltrato de género que no deja rastro en la factura.