Por las mujeres, pero también por los hombres

Para la primera tribuna del año, he querido exponer mis reflexiones sobre la situación que sufre la mitad de la población: las mujeres. Esta semana, la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica, la conocida OCDE, ratificaba nuestra reiterada denuncia de que, si bien las mujeres tienen más estudios, son los hombres los que tienen más trabajos, y que la desigualdad de género se agranda en países con grandes diferencias de salarios y poca oferta de guarderías.

España se sitúa hoy en la parte baja de la tabla por detrás de la media de la OCDE, principalmente por su elevado nivel de desempleo femenino aunque la proporción de mujeres con un elevado nivel de formación supera la media. En pocas palabras, los expertos nos confirman la existencia de un techo de cristal para las mujeres agravado en nuestro país por la crisis y por las medidas que la derecha ha adoptado para afrontarla.

Para mujeres y hombres poco informados, y antes de continuar, quiero recordar que cuando me refiero y exijo igualdad, me refiero a igualdad de oportunidades, porque es de justicia básica, más allá de planteamientos ideológicos, que la mitad de la población mundial, es decir, las mujeres, tengamos a nuestro alcance exactamente las mismas oportunidades en la vida que la otra mitad, sin que el género sea un impedimento o un estigma para frenar las posibilidades de desarrollo de una persona.

Lo cierto es que desde que gobierna la derecha nos enfrentamos a la legislatura de la desigualdad, de género pero también social que no hace distingos entre sexos, una verdadera involución construida a golpe de recortes y precariedad laboral. Tenemos hoy más mujeres de 25 a 34 años de edad con nivel de educación superior, pero hay más hombres que consiguen un trabajo con ese nivel mientras ellas acaban engrosando más a menudo las listas del paro. Y esa diferencia entre la preparación académica y el empleo está estrechamente relacionada con la escasez de servicios para atender a los hijos, como las guarderías o escuelas infantiles, o con las diferencias habituales de salarios entre hombres y mujeres.

No es una realidad aumentada, es la realidad cotidiana de millones de mujeres. Tanto la OCDE como el Foro Económico Mundial ratifican que desde que el PP gobierna, España ha caído 19 puestos en el informe sobre la desigualdad de género. En oportunidades económicas nos hemos hundido hasta el puesto 84 de la lista y en igualdad salarial, hemos perdido 8 puestos solo en el último año.

Pero también lo confirman los informes de 260 ONGs sociales españolas que refrendaron el informe sombra de la CEDAW enviado a Naciones Unidas titulado “Las políticas de igualdad han sido desmanteladas en esta legislatura”. Y la propia sociedad da fe de ello porque la gente percibe, cuando no sufre directamente, el cambio de tendencia. Un sondeo de Metroscopia confirmaba que los españoles y españolas tenían claro que la situación de las mujeres ha empeorado en tres años de gobierno del PP. Están desmantelando sistemáticamente las políticas de igualdad a base de recortes y están atacando sus cimientos ideológicos, legales y simbólicos.

Existe un estrecho vínculo entre la desigualdad de género y la desigualdad económica. En las sociedades con una mayor desigualdad económica, como hoy en Cantabria, menos mujeres tienen representación en los órganos políticos, mayor es la brecha salarial entre hombres y mujeres y la inmensa mayoría de los trabajadores peor remunerados y con empleos más precarios son mujeres.

Rajoy y Diego repiten sin cesar que “la mejor política de igualdad es la que crea empleo”, pero de momento, solo lo han destruido. Y su reforma laboral ha consagrado el empeoramiento de las condiciones laborales y han derrumbado los servicios públicos que empleaban principalmente mano de obra femenina y nos aliviaban de las tareas de cuidado.

A las mujeres, nos cuesta más conseguir empleo, nos cuesta mantenerlo (el miedo a pedir un permiso o excedencia es brutal), y cuando nos despiden, accedemos en menor medida al subsidio, porque trabajamos en condiciones más precarias. Diego ha situado a las mujeres cántabras hoy con una tasa mayor de paro femenino que masculino entre 25 y 54 años, con 5.100 mujeres menos ocupadas que en 2011, con 5.600 mujeres paradas más que en 2011 y con 3.896 afiliadas menos a la Seguridad social que en 2011.

La derecha está recortando nuestra capacidad económica y nuestros derechos, al tiempo que nos han sobrecargado con todo el peso de los cuidados del Estado del Bienestar eliminados por esos recortes, lo que sin duda afecta también a nuestra empleabilidad. Hoy el PP en Cantabria es responsable de que haya 801 personas menos atendidas por la Ley de dependencia que en 2011, de que las plazas de residencia, de centros de día y de teleasistencia exijan copagos inasumibles para la gente mayor; de haber finiquitado las ayudas por cuidado familiar y a las propias cuidadoras que cotizaban a la Seguridad social, al tiempo que dirigieron también sus ataques a las aulas de dos años para desmantelarlas.

El PP ha enviado a las mujeres a casa

Y al final, tanto discurso de gobierno paritario de fachada solo ha servido para enviar a las mujeres de nuevo a casa, obligarnos a retrasar aún más nuestra maternidad y disminuir el número de hijos e hijas que tenemos. Si el acceso a los servicios de cuidado se encarece o dificulta y el salario de las mujeres baja, se incentiva que las mujeres se queden en casa, se marchen de Cantabria o vayan a trabajar a tiempo parcial; y ese tiempo parcial que la derecha nos ha vendido como fórmula de conciliación tiene como consecuencia menores ingresos, una casi imposible carrera profesional y menor jubilación.

Las y los socialistas no compartimos esta involución social y la combatiremos desde el Gobierno para reconstruir en lo posible la falta de igualdad en las oportunidades. La discriminación por razones de género es un factor importante en términos de acceso a los ingresos y la riqueza, y los Gobiernos deben aplicar políticas económicas dirigidas a reducir las diferencias tanto entre hombres y mujeres, como entre ricos y pobres. El PP no entiende ni lo uno ni lo otro.

Tenemos soluciones con propuestas en tres ámbitos: el de “la calidad democrática”, que permita alcanzar una verdadera ciudadanía de las mujeres; el de la “economía de la igualdad”, resumido en “cobrar lo mismo y cuidar lo mismo”; y, finalmente, en igualdad que consiste en “no dar ni un paso atrás en los derechos conquistados”.

Como candidata a presidir el Gobierno de Cantabria, he dicho hace unos días, desde la humidad pero también desde la determinación, que ya es hora de que Cantabria tenga una presidenta, porque ha sido el PSOE el que más ha contribuido a construir una sociedad más igualitaria que la derecha se ha encargado de desmontar. Una sociedad en más justa cuando sus dos mitades disfrutan el mismo nivel de bienestar y de desarrollo personal. Y ese es nuestro objetivo. Sabemos hacerlo y volveremos a hacerlo, por las mujeres pero también por los hombres.