Nunca tirar la toalla

No tirar la toalla. Por duros que sean los retos, no tirar la toalla.

Una máxima de los socialistas que aplicamos con mayor intensidad cuanto mayores son los retos.

Hace unos días, al ver en las redes sociales las primeras imágenes de piezas hechas en Fundinorte, antigua Greyco, para satisfacer un pedido proveniente de Italia, sentí una cierta satisfacción por los frutos de un intenso trabajo que, por discreto, muchas veces pasa desapercibido. La misma satisfacción que al apretar las manos del Comité de Empresa de Sniace cuando les trasladamos que la fábrica ya contaba con las Autorizaciones Medioambientales para volver a poner en marcha la maquinaria y, con ella, los puestos de trabajo que nunca dimos por perdidos; o la misma que sentimos con cada una de las personas con las que he tenido ocasión de hablar y han agradecido las oportunidades que este Gobierno les da a través de la Sociedad de Desarrollo Regional de Cantabria (SODERCAN), un instrumento, que con éste Gobierno, vuelve a ser un apoyo y un aliado de las empresas de Cantabria.

La pasada legislatura fue dañina y convulsa por las políticas llevadas a cabo por el PP pero, sobre todo, por las formas y el comportamiento del entonces Presidente, Ignacio Diego. Una de las imágenes que seguro muchos recordaremos siempre es cómo el ex presidente de Cantabria increpaba a los trabajadores de Sniace que se hallaban en la puerta encerrados en defensa de sus puestos de trabajo. Era la antítesis de la actitud que se espera de un gobernante para con aquel que depositó en él su confianza en las urnas para gestionar las políticas que mejoren el presente y el futuro.

Son muchos los días que he caminado junto a ellos reivindicando un futuro no sólo para ellos y sus familias sino para toda la Comarca del Besaya que se desangraba bajo el puñal del abandono de las políticas industriales del PP tanto a nivel nacional como regional, con una reforma energética que hacía imposible lo que ya era difícil y con un cainismo que impedía aprovechar todo lo bueno que ya estaba por venir de la mano de una buena gestión del anterior gobierno bipartito PSOE-PRC.

Un abandono que se traducía a su vez en el olvido presupuestario del Estado a una comarca que languidecía con una tasa de desempleo inasumible y con la falta de reivindicación que conlleva compartir siglas y pleitesía del PP en el gobierno local y regional.

Pero no sólo fue Sniace. Fue Greyco, hubiera sido Sidenor o las cientos de empresas cántabras que se asomaban al abismo de la crisis económica, la falta de financiación privada y la ausencia de instrumentos públicos que favorecieran el impulso al tejido empresarial. No en vano, el intento del PP de vaciar SODERCAN de competencias, de personal y de financiación fue la prueba más evidente de la nula apuesta del Gobierno del PP por algo que no fueran teleféricos que pagábamos a escote entre todos los cántabros para mayor gloria de algún empresario “amigo” o de negocios como ECOMASA que no sólo han hecho un agujero negro en las arcas públicas sino que supuso un engaño cruel a los trabajadores de la antigua TEKA que confiaron sus indemnizaciones a un proyecto que está cimentado en engaños e intereses de muy pocos.

En estos días de ruidos de sables, de tacticismos políticos de quienes por encima del interés general de la ciudadanía anteponen sus filias y fobias en nombre de la nueva política, ver cómo se crea empleo aún cuando acaba la temporada estival, cómo empresas como Sniace o Greyco, y con ellas la Comarca del Besaya,  vislumbran un futuro esperanzador nos ratifica en que lo importante es el proyecto, son las políticas que tienen a las personas en su eje de acción, sus necesidades, su futuro y, sobre todo, sus derechos de ciudadanía.

Queda mucho por hacer y muchos retos por superar, construir siempre fue más difícil que destruir pero, aún así, es apasionante hacerlo cuando el resultado es prosperidad, empleo, derechos y un futuro mucho más esperanzador que el que había cuando el PP abandonó el Gobierno de Cantabria.