Nuevos y mejores tiempos para la política

Son nuevos tiempos, sin duda. Tiempos en los que la palabra, el diálogo y el consenso son los ingredientes fundamentales en un mapa político tan fragmentado como plural.
Habrá a quien le pese tanta incertidumbre y tanta volatilidad pero yo considero que es una oportunidad si la sabemos aprovechar. Es la ocasión de demostrar a una ciudadanía hastiada de tanta mentira, de tanta lejanía entre la política y sus necesidades y con la esperanza agotada hace meses, que tenemos la firme convicción de ponerle en el centro de las políticas.

Y lo haremos ocupándonos de lo urgente, de aquellas personas que se hallan en riesgo de exclusión y a las que queremos garantizarle un ingreso mínimo vital. En un país como España es inadmisible que haya tantos miles de niños en situación de vulnerabilidad y es por ello que es tiempo de atajar el problema y dejar de atacar a quienes no hacen otra cosa que ponernos negro sobre blanco la situación dramática que viven muchas personas en este país. No es ninguna utopía ni un discurso fácil, en Cantabria ya hemos demostrado que se puede hacer.

Son nuevos tiempos para la política, sí, pero son tiempos en los que la exigencia de la ciudadanía es máxima y, porque el mensaje nos ha quedado claro a los socialistas, las primeras medidas que presentamos en el Congreso de los Diputados iban encaminadas a paliar la situación de exclusión social que viven millones de españolas y españoles y a derogar todas aquellas leyes que merman derechos a la ciudadanía. La reforma laboral, la Ley Mordaza, la LOMCE, o la exclusión sanitaria entre muchas otras leyes restrictivas de derechos y libertades que hemos soportado en estos últimos cuatro años de gobierno del PP.

Los últimos cuatro años han sido un constante bombardeo a un Estado de Bienestar construido entre todos, con el esfuerzo ímprobo de quienes dieron hasta la última gota de fuerzas y a los que el PP les negó hasta el derecho a disfrutar de sus últimos años con los cuidados y la dignidad que merecían; recuperar la ley de Dependencia es una obligación no sólo para con ellos sino también para todas aquellas personas que viven en situación de vulnerabilidad.

Una echa la vista atrás y recuerda el día que arrancó el Tren de la Libertad para reivindicar la mayoría de edad de las mujeres puesta en duda por un PP empeñado en restar legitimidad a las mujeres, no sólo a la hora de decidir sobre su cuerpo sino también a la hora de exigir una igualdad real en los salarios que percibimos o de tener la capacidad de promocionarse en las mismas condiciones que los varones.

La marcha de ese tren ha llorado muchas lágrimas por cada mujer asesinada a manos de sus parejas o ex parejas, con cada niño y niña asesinado por una lacra que ha producido un indigno silencio en un aún Presidente del Gobierno en funciones al que los deportes le producían mayor locuacidad que las desgracias que denotaban un problema para el que los socialistas llevamos años reclamando un Pacto de estado que evite por todos los medios esta violencia machista que nos debería sonrojar como sociedad.

La irresponsabilidad de Mariano Rajoy ha llegado hasta el momento de su propia investidura, incapaz de dar la cara ante su gestión que le ha dejado más sólo que nunca. Utilizó la mayoría absoluta para ejercer un absolutismo que le ha dejado en la profunda soledad. Y sobre todo cerró los ojos y se puso de medio lado al constante bombardeo de corrupción que ataca a la propia estructura del PP. Y es que la hemeroteca es cruel con un Rajoy que ha profesado las mayores muestras de afecto a todos aquellos que se dedicaron a un latrocinio atroz de las arcas públicas.

Creo que la sociedad respiró aliviada cuando el rey le encargó la investidura a Pedro Sánchez, consciente de que desde ese momento se abría una etapa nueva para nuestro país. Como militante socialista agradezco el ejercicio de responsabilidad de mi Secretario General pero sobre todo me llenó de orgullo saber que volveremos a ser los arquitectos de este tiempo nuevo y que lo seremos con generosidad y responsabilidad.

Una etapa en la que cada uno de nosotros tendrá un papel esencial, en la que la ciudadanía tendrá un papel mucho más proactivo y a la que se le devolverán no sólo sus derechos sino también sus libertades.

Una etapa de convivencia entre territorios que evite las políticas de frentes y de choque de trenes que no han conseguido otra cosa que ahondar el sufrimiento entre quienes peor lo estaban pasando y que sólo beneficia a quienes han elaborado discursos de confrontación para que los árboles no permitan ver el bosque de su nefasta gestión.

Estamos en el momento más apasionante de la política; ese en el que se decide a qué país aspiramos, qué modelo de crecimiento y qué modelo de sociedad queremos conseguir. Es el momento en el que se apagan los focos de la función y empieza la política que debe medir la responsabilidad de los actores en la construcción de un nuevo tiempo.

A veces la estrategia debe considerarse como un ingrediente necesario en el proyecto pero jamás debe ser el ingrediente fundamental. Y por eso, Pedro Sánchez ha antepuesto las necesidades de la ciudadanía a su propio interés y lo lleva a cabo haciendo partícipe a la militancia para que sea una decisión colegiada.

Estoy segura que las propuestas del PSOE son comunes a todos los partidos progresistas y a todos los que quieren reformar este país hacia una recuperación justa y una sociedad con derechos: derogar la LOMCE, la Reforma laboral, subir el Salario Mínimo Interprofesional para acercarnos a Europa, hacer un Pacto contra la violencia de género, una ley de igualdad de trato y no discriminación, revitalizar la Ley de Dependencia o impulsar el Pacto de Toledo para garantizar la financiación pública de las pensiones de hoy y mañana tras el expolio del PP a la hucha de las pensiones, hacer un plan de choque para reducir a la mitad las cifras del paro en esta legislatura o prohibir el fracking que tanto amenaza a Cantabria entre muchas otras medidas encaminadas a potenciar el empleo verde, la Ley de cambio Climático y Transición Energética.

Lo hacemos dialogando y sin vetos ni frentes pero con firmeza en cuanto a nuestros principios; conscientes de que las necesidades de la ciudadanía van mucho más allá de las siglas o de las –legítimas- aspiraciones políticas de cada quien. Renunciando a los máximos para llegar a acuerdos y teniendo en cuenta que las exigencias ciudadanas depositadas en las urnas son mayores que las estrategias de poder de cada uno de los actores.

Lo bueno del tiempo es que clama y pone cada cosa en su sitio, demuestra el compromiso o la impostura y da y quita razones.
Tiempo de palabra, consenso, responsabilidad, diálogo y acuerdo.