Lampedusa, paraíso de sueños rotos

La tragedia ocurrida esta semana en aguas del Mediterráneo pone de nuevo en evidencia algo que muchos gobiernos se niegan a aceptar: la gran desigualdad a la que se enfrenta la sociedad actual. Y no estoy hablando solo de la desigualdad que se ha instaurado en España en los últimos cuatro años. Hablo de una desigualdad generalizada entre los países desarrollados y aquellos otros llamados “Países del Sur”. Una desigualdad que se acrecienta con las guerras y la pobreza extrema, y que impulsa a hombres y mujeres, muchas de ellas embarazadas o con niños pequeños, a subirse a una barcaza con la vana esperanza de llegar a una tierra que les ofrezca, aunque solo sean migajas, de ese paraíso que desde el otro lado del horizonte les parece un sueño al alcance de la mano.

En el naufragio ocurrido hace unos días frente a las costas italianas de la isla de Lampedusa, según declaraciones de uno de los 28 supervivientes, el pesquero hundido llevaba más de 900 personas a bordo de las que unos 50 eran niños y 200 mujeres. Pero esta es tan solo la última en una ya larga lista de tragedias similares, si bien es la que mayor número de víctimas se ha cobrado de un plumazo y la mayor ocurrida en la última década en el Mediterráneo.

El problema de la inmigración ilegal no se soluciona incrementando el número de patrullas que vigilan las costas de un país, como acaba de aprobar Italia, ni con vallas cada vez más altas, ni con medidas disuasorias, ni, como algunos pretenden, mirando hacia otro lado porque consideran que este es un asunto que concierne únicamente a los países de origen y no a la Unión Europea en su conjunto.
La raíz de este asunto es un problema social, un problema de desigualdad, de pobreza y de falta de derechos fundamentales, donde el más débil es explotado y como siempre, el que más sufre. Y es ahí donde los gobiernos europeos deben actuar. Ahora más que nunca es necesaria una política de inmigración común a toda la Unión Europea que abarque tanto la colaboración con los países de origen, destino y tránsito, como una auténtica cooperación al desarrollo, tan castigada esta con la excusa de la crisis, que aporte una mejora en el nivel y calidad de vida de los ciudadanos de aquellos países que son foco de esa inmigración ilegal que llega hasta nuestras costas.

Este jueves 23 de abril, los jefes de los países de la Unión Europea se reunirán en una cumbre extraordinaria para abordar el tema de la inmigración ilegal. Se trata sin duda de una gran oportunidad para, de una vez por todas, dar un nuevo rumbo y encauzar las políticas de la UE en lo que respecta a migración y cooperación. Esperemos que sepan aprovecharla y que no se trate sólo de un paso más de cara a la galería en espera de que amaine el chaparrón mediático, como sucedió en el 2013 tras la muerte de otros 300 inmigrantes también frente a las costas de Lampedusa. Europa no puede seguir de brazos cruzados, y desde luego, no puede permitirse continuar sembrando de cadáveres las aguas de nuestras costas.