La hora del cambio también para las personas mayores

Los recortes que hemos padecido los últimos años han afectado por igual a todos los sectores de la población. Poco ha importado la edad o la condición social, que el colectivo fuera más o menos desfavorecido. Y si algún colectivo ha pasado de ser vulnerable a invisible, de frágil a gravemente deteriorado ha sido el de los mayores que pasaron a ser parte de los balances contables de pérdidas y ganancias de una administración a años luz de la justicia social. Uno de mis compromisos fue revertir los recortes en dependencia, poner el acento en las personas que nos dieron todo y, ahora, merecen que, en la etapa final de sus vidas, sean atendidos como ellos nos atendieron a nosotros.
En unos días ponemos en marcha un Programa para la Mejora de la Práctica Asistencial en las Residencias de Mayores en colaboración con la Fundación MATIA Instituto Gerontológico, referente a nivel nacional e internacional en la aplicación a centros residenciales del nuevo Modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) y en el que prevemos la participación de todas las residencias de personas mayores de Cantabria.

 

Realizaremos un diagnóstico que nos permita conocer la realidad actual del centro, impartir formación a los/las profesionales; abrir cauces de participación con residentes y familiares; identificar preferencias, necesidades, intereses de los/las residentes; trabajar en su “cotidianeidad”; proponer ambientes más hogareños o  asignar “personas de referencia”.

 

Este programa forma parte de un paquete de medidas que estamos desarrollando para la mejora de la práctica asistencial, como es el incremento en 2017 de los ratios de personal de atención en los centros, con el consiguiente incremento de los precios que el Gobierno paga por cada plaza residencial o la elaboración de una nueva normativa de centros sociales que ya contempla el nuevo modelo asistencial, ACP.

 

El trato y tratamiento que necesitan nuestros mayores ha cambiado porque la sociedad ha cambiado, porque las nuevas tecnologías y los nuevos avances nos permiten adecuar la atención a los derechos, intereses, expectativas o plan de vida de nuestros mayores y, por ello, es necesario efectuar los cambios jurídicos y administrativos necesarios.

 

El primer paso para cambiar es reconocer que el cambio es necesario. Las entidades y profesionales que atienden a nuestros mayores desde el Sistema público de servicios sociales están haciendo un magnífico trabajo, pero es cierto que una buena práctica profesional y empresarial requiere siempre estar al día y adaptarte a los tiempos. Adaptarse a los cambios, responder a ellos con flexibilidad e incluso más, ser promotores del cambio y permanecer abiertos a lo que se mueve a nuestro alrededor, es la clave del éxito.

 

Cantabria quiere abandonar su zona de confort y apostar, desde la evidencia científica, por una formación reflexiva, partiendo de una visión diferente de la calidad asistencial que se vincula al ejercicio de derechos de las personas mayores y que promueve la personalización de los cuidados. Un modelo, ACP, que está plenamente implantado desde hace varias décadas en los países más avanzados en cuanto a políticas sociosanitarias.

 

Se trata de acercarnos a modelos del norte de Europa que se han demostrado eficaces en detrimento de los clásicos modelos organizativos institucionales. En España ya hay antecedentes de este modelo aplicados al ámbito sanitario y en Cantabria entendemos que es tiempo de trasladar esta positiva experiencia al ámbito social.

 

Distintas organizaciones internacionales avalan a la ACP como uno de los ejes que deben estar presentes en el diseño de los recursos para las personas mayores y para la evaluación de la calidad de los mismos. Porque no es lo mismo organizar los cuidados desde un enfoque de una atención más personalizada, desde la mirada hacia la calidad de vida de las personas y garantizando que las personas mayores puedan seguir teniendo control sobre su vida cotidiana, viviendo de forma acorde a sus valores de vida y preferencias, que hacerlo desde un abordaje tradicional que pone el foco sobre cómo organizar los servicios.

En definitiva, queremos que los mayores puedan seguir viviendo su vida y que, en la convivencia con sus limitaciones, tengan la ayuda que necesitan.

 

Y esto implica aceptar a cada mayor como un ser singular y creer firmemente que se puede cuidar de otra manera. De una manera que es mejor para las personas mayores, pero también para los propios profesionales y para las organizaciones.

 

Sabemos que no es una meta cercana y que no caben atajos. Sabemos que será un camino largo porque implica una nueva cultura organizativa; que la organización y los roles profesionales cambien su mirada para poner por encima de todo el derecho a la autodeterminación de las personas, incluso en los casos donde existe un deterioro cognitivo o físico relevante.

 

Supone cambiar desde una atención más asistencial que pone el foco en aspectos más biosanitarios, hacia aspectos más emocionales y subjetivos.

 

El objetivo colectivo de todos los que conformamos el Sistema público de Servicios sociales de Cantabria contará con el partenariado de las administraciones públicas y estoy segura con la participación activa y la cooperación de todos los agentes implicados- profesionales, residentes, familias, cuidadores y organizaciones sociales representativas.

 

Requerirá sin duda que empoderemos a las personas mayores; que garanticemos unas buenas condiciones de trabajo a los/las profesionales; que invirtamos todos en  capital humano; que pensemos las infraestructura físicas y los entornos adecuados con la visión del “Diseño para Todos” para reducir la distancia funcional entre los elementos del entorno y las capacidades de todas las personas.

 

Tenemos mucho trabajo por delante, pero es la hora del cambio también para las personas mayores.