La Europa que no nos merecemos

Hay días en los que leer la prensa pone a prueba el llanto, el nudo en el estómago y el vuelco en el corazón.

Ver las condiciones en las que viven los refugiados sirios en campos como el de Idomeni o Zaatari nos trae a la mente nefastos recuerdos pretéritos en los que ese sufrimiento también tenía nombres de guerras y conflictos, en el que las víctimas fueron las mismas que hoy transitan descalzos en barrizales donde se mezcla la indignidad de quien les echó de sus casas a bombazos y de quienes, lejos de dar una respuesta acorde con los sentimientos y los principios de aquellos que debieron haber aprendido las lecciones que nos graba a fuego la Historia, se muestran como políticos con corazón de piedra y alma encorchada.

La muerte del pequeño Aylaan fue en vano porque no sólo centenares de niños han muerto después que su cuerpecito inerte revolviera conciencias –durante muy poco tiempo, por desgracia- sino que hoy hay decenas de miles de personas con sus derechos humanos pisoteados en el mismo barro de la ignonimia política que se puso de medio lado mientras miles y miles de sirios sucumbían a las bombas y otros escapaban de una muerte segura bajo los escombros de lo que un día fue su vida.

Vemos las imágenes de los niños aterrorizados, llorando, temblando de frío, empapados en tiendas de campañas instaladas en el barro de la tierra de nadie, a sus madres angustiadas por su presente y por la falta de un futuro en paz y prosperidad.
4.000 niños apagando su vida encima de los charcos y el barro, mujeres dando a luz en la fría penumbra de tiendas empapadas de agua que flotan encima del lodo; y todo en tierras europeas. Vidas que se arrojan al gélido mar porque ya nada puede ser peor que morir en vida. Niños que no han conocido otra cosa que el terror y a los que se les está borrando hasta la sonrisa.

Los Jefes de Estado y de Gobierno llevan meses y meses divagando sobre qué hacer con los refugiados que llegan a Europa. Muestran una sordera absoluta ante los gritos de solidaridad que claman los europeos a través de ayuntamientos, gobiernos regionales, asociaciones, es decir, la sociedad civil que se ha mostrado infinitamente más sensible que quienes les representan en el más alto nivel del estado.

Me revuelvo, nos revolvemos, ante la decisión de devolver a los refugiados a Turquía sin respetar, no sólo el derecho de asilo y la legislación internacional respecto a los refugiados, sino el más mínimo criterio de humanidad y sensibilidad ante un drama de magnitudes inasumibles para la sensibilidad, no sólo por el número de personas que huyen de una muerte segura bajo el fuego de las bombas sino por las condiciones bajo las que les está recibiendo esta Europa que nos avergüenza.

La incapacidad de algunos Jefes de Estado y de Gobierno de ponerse en la piel de algunas de las personas que dejan la vida en los charcos y en el barro nos vilipendia como sociedad.

No nos rendimos, no nos conformamos y exigimos que se retire el acuerdo de la Unión Europea y Turquía para devoluciones masivas y se aborde con urgencia la crisis de las personas refugiadas defendiendo los derechos humanos y acogiéndoles con respeto y solidaridad.

Si ayer condenaba la detención del cántabro Alberto Sicilia, nuestra voz desgarrada en el conflicto, quien nos muestra cómo viven miles de niños, de mujeres, de familias como una bofetada de cruel realidad y de insensible pasividad en plena Europa, hoy, casi dos días después, celebro su liberación; pero lo cierto es que, por mucho que intenten silenciar las voces que nos trasladan situaciones que nos encogen el alma hasta hacerla pequeñita, jamás podrán acallar la verdad ni los gritos de auxilio y dolor de quienes sólo piden sobrevivir. Porque vivir es otra cosa.

¿Cómo puede nuestro Gobierno de España en funciones ponerse de lado ante una crisis de semejante magnitud sin poner en marcha todos los medios que comunidades autónomas, ayuntamientos, ONGs le hemos puesto encima de la mesa para responder con la dignidad y solidaridad que emana de los españoles? Sólo desde la más absoluta falta de empatía por el sufrimiento ajeno se puede explicar semejante dislate de gestión en el momento en que todos los ojos nos miran y nos juzgarán por nuestros hechos como país.

Ayer hemos firmado un Convenio con ACNUR en el que establecemos el marco general de relaciones institucionales y de colaboración entre el Gobierno de Cantabria y ACNUR en las acciones de ayuda y asistencia humanitaria en general pero, sobre todo, en contextos de crisis humanitarias como las que nos asolan.

Además de las dos partidas de 60.000 y 100.000 euros que a través de Fondo Cantabria Coopera se han destinado para paliar las necesidades de los refugiados en las propias zonas de conflicto, hemos habilitado otra partida extraordinaria de 25.000 euros para intentar atender las necesidades de personas refugiadas en el campo de Zaatari, en Jordania, donde malviven miles de refugiados sirios que huyeron de la guerra y que hoy se encuentran en tierra de nadie y dependen únicamente de la solidaridad internacional.

Nos necesitan.