Innovación Social para prevenir los trastornos de salud mental en la infancia y adolescencia

Esta semana asistí a la entrega del Premio a la Salud Mental que Padre Menni otorgaba a la Fundación Alicia Koplowitz, una elección que considero muy acertada porque, como responsable de las políticas de infancia y adolescencia y del Sistema de protección a la infancia en Cantabria, comparto con esta entidad la visión de la promoción de la salud mental de la infancia y adolescencia como una inversión de futuro determinante.

Hablamos de trastornos tan frecuentes como la ansiedad, la depresión ó el aislamiento social, cuya detección y tratamiento precoz mejorará el pronóstico y mejorará sustancialmente la calidad de vida del menor y de su familia.

Agradecí a la Fundación Alicia Koplowitz su empeño en que su labor médico-científica transfiera sus resultados a los programas sociales para menores que financia y a las políticas públicas de infancia y adolescencia.

Compartimos su visión de apostar por la I+D+i social, por la innovación social en la salud mental; y nuestra participación en el Proyecto de investigación Healthincare, junto a la Universidad de Oviedo, nos ha permitido la puesta en marcha de un nuevo programa de intervención terapéutica para los menores del Sistema de Protección a la infancia y adolescencia y un programa preventivo comunitario de promoción de la parentalidad positiva y el desarrollo positivo de los niños.

Compartimos la necesidad por tanto, de desarrollar programas basados en la evidencia científica para prevenir en los primeros años de vida los futuros trastornos de salud mental de los niños y adolescentes. Sabemos que estas patologías están cada vez más presentes en edades tempranas, llegando a detectarse la mitad antes de los 14 años y más del 70% antes de los 18 años.

Estamos integrando los recursos sanitarios, educativos y sociales para lograr una mayor coordinación y eficacia en la intervención inicial de apoyo a las familias y a los menores y mejorar así las perspectivas de futuro de los menores.

Y también estamos potenciando estilos de crianza y educativos positivos, para mejorar las habilidades parentales de las familias y evitar problemas que puedan afectar a su normal desarrollo. Y al mismo tiempo, estamos avanzando en el entorno educativo y hacia una ética escolar favorable al enfoque holístico de la escuela, que incremente las competencias sociales, mejore la resiliencia y a reduzca el acoso, la ansiedad y la depresión.

Compartimos por tanto, el objetivo de evitar el sufrimiento que para ellos y sus familias esconde un diagnóstico tardío o la carencia de diagnóstico, para que no condicione gravemente su futuro, ni disminuya sus oportunidades educativas y profesionales.

En definitiva, estamos trabajando para conseguir una infancia y una adolescencia sana y feliz, porque solo así, construiremos una sociedad mejor para todos y todas.