El voto siempre es útil

El voto es un derecho y también un deber. Y cuando la democracia se devalúa como consecuencia de la actuación de los Gobiernos, el nacional y el cántabro, ambos del PP, el voto, todos los votos son útiles. Hace unos días, un joven me preguntaba en un pueblo de Cantabria cómo podía hacer más útil su voto, ahora que acudía por primera vez a las urnas. Y yo le respondí lo mismo: Para defender la democracia todos los votos son útiles. Y hago esta reflexión porque a veces no percibimos la fuerza real que puede tener un solo voto. Que se le pregunten a los ciudadanos del mundo donde no pueden ejercer ese derecho, o a los que aquí, en España, se les impidió hacerlo durante 40 años y no hace tanto tiempo.

La participación democrática es mucho más que votar cada cuatro años. Pero un solo voto tiene la fuerza de un ciclón. Esa es la grandeza de la democracia. El voto nos iguala y es, por tanto, el instrumento que tenemos las clases medias y las trabajadoras para parar los pies a los poderosos.
Faltan horas para el inicio de la campaña electoral, donde ocurrencias y consignas pueden llegar a tapar los mensajes sólidos o coherentes. Y, sin embargo, el poder del voto sigue intacto.
El filósofo Popper ya nos advertía que la democracia no nos garantiza que vayan a gobernar los mejores, tenemos ejemplos cerca, pero permite, que no es poco, cambiar de gobernantes de forma pacifica. La democracia hace posible que, en momentos de cambio, de inflexión, de crisis social, económica y política como la que vivimos, las soluciones surjan de forma cívica, sin saltos en el vacío.

Es importante, sin embargo tener claro cómo hemos llegado a la actual situación. La crisis la provocaron los mercados, no los ciudadanos. La economía financiera-especulativa se vino abajo en todo el planeta,, con las terribles consecuencias de sobra conocidas.
La crisis económica provocó cambios de gobierno, pero no siempre pagaron los verdaderos responsables. Es normal que los ciudadanos castiguen en las urnas al que gobierna, con independencia de la responsabilidad que tenga, cuando toda va mal.
Pero la alternancia en los gobiernos ha permitido ver con claridad, lo hemos comprobado en España y en Cantabria, que para afrontar el problema no basta con cambiar de Gobierno; que lo importante son las recetas para atajar los problemas. La derecha, que sigue sin hacerse responsable del daño causado, recurre de nuevo a las viejas ideas que nos condujeron al desastre. Adelgazamiento y privatización del Estado del Bienestar, retroceso en los derechos de los trabajadores y reducción de controles para que unos pocos obtengan pingues beneficios a costa del sufrimiento de las clases medias y de los trabajadores.
Los ciudadanos, que han sufrido la cara y la cruz de la moneda, piden, exigen, un cambio. No sólo de Gobierno y no únicamente de personas. Quieren que cambien las políticas y la forma de gobernar. Quieren recuperar sus derechos de antes de la crisis, ese Estado del Bienestar que apenas valorábamos, porque nunca pensamos que podríamos perderle, y que ahora echamos en falta.
Para lograr ese giro de 180 grados los ciudadanos tenemos nuestro derecho al voto y que vamos a poder ejercer el próximo 24 de mayo. Las opciones, aparentemente muy diversas, se resumen en dos: Votar a quienes han puesto en marcha los recortes sociales y las políticas que han provocado un rápido crecimiento de la desigualdad, o votar a quienes, con errores y aciertos, construyeron el Estado del Bienestar en España y se comprometen a levantarlo de nuevo.

Tal vez sean estas las primeras elecciones en mucho tiempo donde está más claro el poder del voto democrático para decidir hacia donde queremos que vaya nuestro futuro. Ya no de los próximos cuatro años, sino de la próxima década.
Como candidata a la Presidencia del Gobierno, en representación de los socialistas cántabros, invitó a quienes lean estas líneas a que reflexionen en profundidad sobre todo lo que está en juego. En mi opinión, creo que el 24-M los ciudadanos y ciudadanas tenemos en nuestras manos la ocasión de cambiar realmente el rumbo de Cantabria.

Desde el respeto, como no podía ser menos, me dirijo a los que se sienten defraudados, a todos aquellos a los que no supimos explicar con claridad el origen de una crisis que con tanta e imprevista dureza nos golpeó, para decirles que hemos aprendido de los errores cometidos. Y que con el diálogo y desde la humildad podemos afirmar que somos la única fuerza política capaz de volver a levantar el Estado de Bienestar en España.
Hay una nueva generación de socialistas, en la que me incluyo, que no renunciamos al ideario socialdemócrata y estamos comprometidos a recuperar los derechos sociales que la derecha nos ha arrebatado. Pero no podemos hacerlo solos; tampoco lo queremos. Es preciso unir todas las fuerzas posibles para que nadie vuelva a poner por delante de los intereses de la mayoría los de una minoría por poderosa que sea. Tenemos que sumar para que nuestro voto sea verdaderamente útil.