El Tejo de Lebeña

No fue un acto cualquiera. Tampoco fue un árbol cualquiera.

La plantación del retoño del viejo tejo de Lebeña no fue sino el punto y seguido a la narración de la historia de un pueblo, que junto al árbol y al silencio de la iglesia mozárabe cobijó a los concejos y se convertía en el punto de encuentro de aquellos que acudían a misa.

Pocas cosas hay más inexorables que la naturaleza para acabar con bellas e intensas historias como las que nos contó a través de las trovas Covadonga Vejo, pero la misma naturaleza que acabó con el viejo tejo nos ha permitido poder retomar la historia en el lugar en el que él la dejó.

Pegado a su tronco, la nueva generación hace posible abrir nuevas páginas llenas de posibilidades de seguir escribiendo vida e historias. Los niños y niñas del Colegio público Concepción Arenal fueron los encargados de recuperar esa parte de la tradición que seguro conocen a través de sus mayores.

Monumentos hechos por el hombre y por la naturaleza que configuran patrimonios indisolubles y que tenemos la obligación de guardar y de preservar para que las generaciones venideras puedan heredar esta inestimable belleza.

Es una satisfacción ver crecer el programa PROVOCA porque es una de esas actividades de voluntariado que informa y forma; informa de nuestra historia, de cómo la mano del ser humano ha transformado nuestro paisaje y forma voluntades, forma en respeto a nuestro medio natural haciéndolo de la mejor manera posible, viviendo la experiencia de ser esa parte del futuro que crecerá en cada bosque reforestado, en cada río que sigue su camino, en cada paraje protegido por su singular belleza.

Cada vez son más los voluntarios que se suben al carro de este programa PROVOCA; cada vez son más las familias que buscan una nueva forma de disfrutar de la naturaleza proporcionándole los cuidados que precisa y, en cada actividad, sin duda dejamos un pedacito de semilla de nuestro futuro.

De la misma forma que Covadonga Vejo nos recitaba trovas y María Luisa García nos mostraba su trabajo de conservación del templo, los niños y niñas que participaron en esta plantación dejaron sus mensajes escritos para los niños del futuro. No sabemos cuántas generaciones pasarán antes de que alguien sepa que nos sentimos orgullosos hace unos días de devolver a la naturaleza un poquito de lo que ella nos da a diario plantando el retoño del tejo, pero sabrán de nuestro compromiso con los árboles, con la educación medioambiental, de la importancia que damos al factor de la sostenibilidad medioambiental de nuestras políticas.

Crecerán con el árbol que ellos plantaron y se sentirán parte de su relato, de su vida.

El tejo de Lebeña vuelve a ser inmortal.